Mirando el calendario me di cuenta de que el verano está más cerca de lo que su calor aparenta. Pronto zanjaré mis obligaciones hasta entrado septiembre y pienso descansar. Descansar de todo. Intentaré, incluso, aburrirte y olvidarte para volver a descubrir esos encantos que hicieron que me acercara a ti. Espero que no tengas miedo, las cosas claras y sinceras nunca generan dudas. Dice ser que el miedo sujeta la libreta a la inseguridad en la cual ella escribe temores y mentiras. ¿Es que ahora le tienes miedo al calor? ¿Tienes miedo al comienzo de las vacaciones? Lo último que deberías temer es perderme a mí, que jamás podría pasar desapercibido entre la multitud. No, no deberías dudar de algo que parece ser menos tangible que el vaivén de las olas o el ciclo del sol, ese sol que tiene una muerte anunciada.

 
 

Creo que incluso gustas a la luna, y es por eso que al verte bajo ella, y todas las curiosas estrellas, vi que tu sonrisa no era la de siempre. Discúlpame si exagero, puesto que no he tenido la suerte de verte más que un par de veces después de que el sol haya acabado su turno, pero cada vez que recuerdo ese fugaz momento acabo pensando que hay algo enigmático en ti. ¿Y si no es la luna? Puede que sea el viento del verano que ya llega, ese que ondeaba tu cabello para dejarme entrever tus sonrientes labios, el que te conceda ese halo de belleza. ¿Y si el viento no es el autor de tu misterioso encanto? Entonces puede que seas tú, y nada más que tú, la culpable de que mis horas de sueño se vean reducidas por ese misterioso enigma del encanto de tu cara. Tendré que esperar hasta haberte visto en más ocasiones, incluso sería interesante tener una perspectiva algo más cercana de tu agraciado rostro, para poder llegar a definir esa belleza única que guardas en tu cuerpo.

 
Amor platónico. 05/10/2009
 

¿Cuánto tarda en cultivarse un amor sincero? Demasiadas lenguas me han dicho ya que los amores a primera vista son prematuros y carnales; que con la mirada solo se ve la belleza más caduca y la menos sincera. Pues yo jamás he necesitado más de una mirada para adjudicarle mi corazón a alguien. ¿Superficialidad e intranscendencia? No lo tengo tan claro.
Cuando se mira a una persona puedes ver más que su figura. Cuando investigas en sus ojos rompes la barrera de la superficialidad y puedes profundizar en sus secretos más mudos. ¿Es que los ojos tienen final? Yo logro ver tus pensamientos cuando me lo propongo, o leer esas palabras que no han acabado de salir de tus labios por vergüenza o inseguridad.
Es por eso que al mirarte una sola vez pude ver que detrás de la miel de tus pupilas había algo que me ataba a ti. Algo que tal vez en un futuro, al mirarte de nuevo, vea que haya desaparecido. Por eso espero no molestarte si te miro constantemente, solo por curiosear en tus adentros y seguir viendo que en el fondo de tu pecho podría encajar mi corazón.


 
 

Me dijeron una vez que toda acción era egoísta. Que si algo dabas, era con la finalidad de recibir una recompensa mayor; ya sea por parte del destinatario o por el simple gozo que puedas sentir por haberle ayudado. En ese caso ¿cuál es la recompensa que recibe el mal enamorado? Si bien quiere que el amor le corresponda, no está en mano del hombre tal poder. ¿Puede entonces que le guste sentir el dolor?
Su amada será idealizada hasta el último de sus suspiros, y ese pobre enamorado no busca otra cosa que el corazón, escurridizo y desdichado, de esa linda joven que no ama a nuestro sufridor. ¿De qué le sirve? ¿Dónde se esconde el egoísmo? Tal vez sea un vestigio de sodomía que queda dentro de todos nosotros; ese gozo por el sufrimiento. O puede que solo se busque conseguir una difícil gesta para disfrutarla en su momento futuro e hipotético.


 
 

Aun sabiendo que la rima se escapa de mis manos, ayer tuve una necesidad inmensa de ponerme a escribir lo que no pasará, ni mucho menos, de aborto de poesía. Y es que me doy cuenta de que las cosas más bellas requieren musicalidad, esa musicalidad que solo dan los versos, que aunque no cuadren dentro de la métrica, conservan esa melodía solo comparable con la alegría que brindas con tu presencia.



Y la belleza absoluta ¿dónde para?
¿Será en tus ojos o tal vez en tu mirada?
Puede que sean tus veintitrés primaveras
las que te regalen esas curvas tan sinceras
y sea la estival brisa
la que avive tu sonrisa.

Seré yo el voluntario
que te observe con detalle
y al igual que un presidiario,
siempre lejos de la calle,
contaré los días del calendario
hasta que tus labios halle.

Más siempre he sido observador
contigo no podría ser menos
por eso dibujo una flor
retrato de tu rostro sereno,
para quien no pueda verte
al menos pueda imaginarte,
pues de una sonrisa así
es pecado el olvidarse
.

 
 

Me dijeron una vez que el hombre siempre es libre y sin libertad deja de ser hombre. Yo sigo pensando que el último sentimiento que recuerda un hombre libre antes de perder su libertad es el amor.


 
Dioptrías. 04/28/2009
 

Si alguna vez no he visto claro el amor que siento por ti, yo te juro que no era por dudas o insatisfacción sino por culpa de mi miopía.
Y es que hay cosas que nunca cambiarán, como mi borrosa visión cuando te apartas más de unos metros. Metros. Y más que metros nos separan, pero cuando te tengo cerca te veo con total nitidez; por dentro y por fuera. 
Y es que ha veces me quitaría las gafas solo para pedirte que te acercaras, que no puedo verte, que la belleza está hecha para disfrutarla de cerca y, sin gafas siquiera, observarte con parsimonia.


 
 


Ahora tengo un problema de cantidades. Sé de sobras que siempre he dado demasiado, y también sé que lo acepto sin complicaciones. 
Aún así puede que ahora me sienta vacío. Vacío de haber dado más de lo que recibo o pueda recibir. Vacío de caer en el olvido parcial aunque molesto. Por eso quiero volverme más científico si cabe, pararme a contar lo que nos damos y empezar a ser solidario. Solidario e igualitario. Intentando así no secar algo tan bello como el amor que puedo darte, y preferiendo dosificarlo para no ser un feo egoista ni un utópico altruista. 
La verdad es que siempre dijeron que el equilibrio era la paz más absoluta, pero cuando me pongo a hablar de amor siempre me ha gustado más lo barroco y sobrecargado...


 
Señora... 04/27/2009
 

Señora, ¿dónde va mi alma cuando se enamora? Tal vez se evapora y es una nube que llora...

 
 

Si te escribo esta carta no es por otra razón que por la de justificar, y por ello explicar, la aparición de un nuevo miedo en mi ente.


Espero que no te asuste más que a mí el haber leído esa frase, pero no había manera más tierna de presentarte la situación. Exagerado como siempre he sido, el miedo al que me refería no es para nada visceral, pero sí imprevisto y abrumador. ¿Crees que se puede desear llorar al lado de tu amada? Hasta ayer yo me hubiera posicionado en el lado negativo con un paso rotundo, pero las cosas parecen haber cambiado desde que me dí cuenta de ese, por lo menos, irracional deseo. 
Tenía entendido que con una persona a la que amas siempre se quieren compartir bellezas. Quiero decir, que siempre he querido contigo reír, pasear, dormir o no dejarte hacerlo; pero nunca algo como esto... ¿Quién me iba a decir que desde hace días tenga ganas de llorar a tu lado? No quiero, ni mucho menos, que me hagas llorar. A lo que me refiero es que tengo unas ganas colosales de compartir contigo esos momentos que no son tan memorables. O tal vez sí lo sean. Lo que tengo seguro es que serán emotivos y algún día llegarán. Por el momento, lo que tengo claro es que cuando pueda verte llegar, en la estación que sea, te abrazaré con todas mis fuerzas y no pondré oposición alguna a que esas lágrimas que tantas ganas tienen de verte hagan acto de presencia.


Solo eso quiero decirte, para no entretenerte ni hacerte pensar que las cosas no van bien, sino al contrario. Que las lágrimas quieren saltar del gozo de verte, o de la pena del tener que dejarte, soltándote sólo por unos días, hasta nuestro próximo encuentro.


 

    Due

    Ese que cuando siente melancolia o simple necesidad coge un bolígrafo y piensa en crear algo bello.


    Quisiera hacer un pequeño apunte sobre como quiero ordenar este apartado:

    Por el momento, escribo en dos categorias, intentando que cada una de ellas sea un estilo literario distinto y, por lo tanto, cada cual pueda elegir, clickando en cualquiera de ellas, lo que prefiera leer cuando llegue al lugar.

    · Devaneos: relatos cortos basados en puertas y salas que expresen algun sentimiento o emoción.
    · Brevedades volátiles: textos breves que muestren un instante de forma metafórica.
    · Me dijeron una vez...: pequeñas frases que guardan entre líneas alguna que otra verdad, intentando hacerlas surgir en el lector sin que sean leídas implícitamente.
    · Cartar a ninguno: relatos cortos de estilo epistolar.



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