Si te escribo esta carta no es por otra razón que por la de justificar, y por ello explicar, la aparición de un nuevo miedo en mi ente.


Espero que no te asuste más que a mí el haber leído esa frase, pero no había manera más tierna de presentarte la situación. Exagerado como siempre he sido, el miedo al que me refería no es para nada visceral, pero sí imprevisto y abrumador. ¿Crees que se puede desear llorar al lado de tu amada? Hasta ayer yo me hubiera posicionado en el lado negativo con un paso rotundo, pero las cosas parecen haber cambiado desde que me dí cuenta de ese, por lo menos, irracional deseo. 
Tenía entendido que con una persona a la que amas siempre se quieren compartir bellezas. Quiero decir, que siempre he querido contigo reír, pasear, dormir o no dejarte hacerlo; pero nunca algo como esto... ¿Quién me iba a decir que desde hace días tenga ganas de llorar a tu lado? No quiero, ni mucho menos, que me hagas llorar. A lo que me refiero es que tengo unas ganas colosales de compartir contigo esos momentos que no son tan memorables. O tal vez sí lo sean. Lo que tengo seguro es que serán emotivos y algún día llegarán. Por el momento, lo que tengo claro es que cuando pueda verte llegar, en la estación que sea, te abrazaré con todas mis fuerzas y no pondré oposición alguna a que esas lágrimas que tantas ganas tienen de verte hagan acto de presencia.


Solo eso quiero decirte, para no entretenerte ni hacerte pensar que las cosas no van bien, sino al contrario. Que las lágrimas quieren saltar del gozo de verte, o de la pena del tener que dejarte, soltándote sólo por unos días, hasta nuestro próximo encuentro.


 
 

Te escribo esta carta pocos días antes de volver a verte, y solo lo hago para hacerte recordar lo mucho que juntos hemos vivido.

No sabría por dónde empezar, por eso he decidido escoger al azar algo bello que contigo hecho. Me viene a la cabeza visitar el oceanográfico. ¿Lo recuerdas? Yo juraría que sí, y seguro que te gusta recordar cómo te saludé en la estación. Para serte sincero ni yo me esperaba tener el valor suficiente para besar tus labios nada más verte, pero el corazón se armó de valor y quiso expresarse de inmediato. Fue corto, porque tenía acompañantes, pero lo suficientemente pronunciado como para hacerte saber lo que sentía y, como bien venía diciendo, hoy en día aún siento.
  
No se me olvidará tampoco aquella pequeña visita que hiciste poco después de la visita al oceanográfico. Sí, me refiero a esa vez que viniste y solo pudiste quedarte cuatro horas en Barcelona. Seguro que también recuerdas que cuando me enteré de que iba a ser más largo tu viaje que la estancia me enfadé, pero una vez más me hiciste cambiar de opinión en cuanto llegaste. Contigo cualquier cosa vale la pena.
    
Otro momento que no quiero ni puedo olvidar fue aquella noche de verano, mi primera visita a Alicante. ¿Recuerdas el calor que hacía? Lo que se escapa a mi memoria fue la película que fuimos a ver. Espero que me ayudes con eso; tal vez si hubiera puesto más atención a la pantalla y menos en la bonita cara de quien se sentaba a mi lado la recordaría, pero ni por esas me arrepiento de lo hecho. Aquella fue la primera noche que compartía con una chica, la primera noche que compartía contigo y la primera noche que decidí apartar a un lado el sueño y pasar las horas de luna mirando tu relajado rostro durmiente.
          

Seguro que podrás acordarte de más momentos, yo también puedo, pero prefiero guardarlos e irte haciendo memoria más adelante.
 
De todos modos, este viernes, cuando te vea, también será un momento digno de recordar, ahora y dentro de unos meses.



 
 

Necesité escribirte en cuanto me di cuenta de que he llegado a respetar las mentiras.

 

Aun no he acabado de aceptar esta idea, hasta ahora impensable en mi más que cuadrada cabeza, pero sí que soy consciente de que hay realidades inimaginablemente crudas. Hay callejones en los que nunca miras al pasar porque de sobras sabes lo que puedes encontrarte. Aún así no creo que sea el miedo lo que te corta a mirar, ni siquiera la hipocresía, sino más bien el amor propio.
Quiero decir que alguien humanamente sensible se da cuenta de que la fealdad está ahí fuera, en todas partes, mezclada entre nuestras vidas, pero no sirve de nada salir a observarla; noo es útil ser el espectador de la desgracia.

No era bueno darme cuenta de que no era amor lo que sentías. Dolía notar que para ti ni mi presencia ni mis sentimientos eran indispensables. Era harto complicado olvidarme de que el cariño, el agrado y el amor son imperceptiblemente diferentes, por eso desistí. Desistí porque era consciente de que peor se vive sin una chica como tú a mi lado. Pero para variar desistí después de que tú te cansaras de esconderme que no guardabas amor para mí, y ya estabas lejos de mi lado.


 
 

Hacía tiempo que no te escribía, pero no era porque no te echara de menos, que no es el caso, sino porque no quería dejar de pensar en nuestra relación.

Tranquila, es lo primero que debería escribirte. No pretendo asustarte, puesto que no dudo de mi amor ni del hilo que cuelga entre nosotros; lo que pasa es que a veces la belleza más pura se encuentra en cosas tan cercanas a ti que se te escapa de las manos y te pierdes algo tan espectacular que es bonito pararse a pensar.
            
Pensaba en buscarle una definición clara que explicara lo que sentimos en común. Creía que sería fácil reducir a palabras ese contrato firmado con besos e indeterminado. Sí, sigo siendo un soñador empedernido que no se cansará de rebuscar en los rincones de nuestro amor para buscar algo nuevo y especial.
     
Logré descubrir lo más parecido a una razón por la que amarte. Costó dar con ella pero creo que con esto justifico esto que siento por ti. ¿No sientes una necesidad existencial de ceder tu cariño, amor y dedicación a otra persona? Yo sí. Sé que suena tópico y nada profundo si no se explica, pero pienso aclarártelo todo, corazón.
A sabiendas que me conoces, sabrás que soy una persona ligeramente romántica, que siente predilección por las caricias y que no puede dejar de pensar en la ternura que reside en cada beso, cada abrazo y cada muestra de afecto. Pues bien, todo eso que me caracteriza no acaba aquí. El amor propio es algo que no me sobra. No sé cuidar de mí, no sé subsistir emocionalmente por mi propio pie. Y lo acepto. Es por eso que todo eso que guardo necesito verterlo en alguien, no alguien cualquiera sino alguien que me corresponda y que sepa cuidar de mí, y esa eres tú.
   
Pero yo también te conozco, cielo, y de sobras sé que mis palabras suenan agudas, frías y faltas de delicadeza. Pues bien, no es nada feo eso que acabo de contarte. Cada persona, y entre tantas nosotros, tiene sus necesidades e intenta satisfacerlas por los medios que cada persona vea más adecuados. Mi necesidad, entre otras, es amar. ¿Fue malo escoger a tal princesa? Yo de momento no me arrepiento. Acerté en escogerte para regalarte mi corazón, sin ánimo de lucro pero con la finalidad de que tus delicadas y aterciopeladas manos le dieran esos cuidados que de mí no podían venir, porque yo pasaba mis días cuidando de ti.
Como te he dicho, creo que mi amor tiene una causa justificada y que, a mi parecer, es noble y sincera. Pero, ¿en qué se basa nuestra relación? Eso es más complicado de contestar de forma objetiva ya que tú formas parte directa de esto y no has podido sentarte a mi lado para pensar conmigo.
Mis deducciones, por eso, han sido algo aclaradoras. Aclaradoras en la medida que se quedaban en mi cabeza, pero complicadas de plasmar en este blanco papel que ahora te envío. Creo que solo soy capaz de compararlo, haciendo un dudoso símil que pueda explicar lo que pienso de ese bonito concepto llamado “nosotros”.
   
Cada uno, explorador incansable, buscaba lo que todo buen caza tesoros busca: el amor. Era difícil buscar tal enterrado tesoro sin partir de un mapa señalado y bien dibujado. Aún así, tanto él como ella, se lanzaron a la aventura con curiosidad y determinación. El camino no fue sencillo, puesto que se equivocaron de localización perdiendo así tiempo y besos, pero toda búsqueda tiene su fin. Parece ser que han encontrado ese gran baúl escondido. Lo encontraron juntos en un lugar alejado y solitario, donde pocos podían llegar. Fue difícil pactar la manera más justa de repartirse aquella joya, pero decidieron compartirlo, sin repartirlo, y juntos seguir mirando entre las maravillas que escondía el baúl para asegurarse de que se tratara del amor verdadero.
      
¿Qué te parece?
  Yo te veo así y me encantaría estar en lo cierto. No te imaginas lo duro que es vivir en la incerteza de no saber si mis ojos ven lo mismo que los tuyos con miedo a caer en ilusiones hechas de humo, humo ficticio que se escapa frente a mis ojos dejándome solo sin ese amor propio del cual tan falto ando.

Por eso quería escribirte, para enseñarte lo mucho que rasca nuestro sentimiento a la perfección.
  


 
 

Hace unos días que pensaba en escribirte, pero me costó decidirme a hacerlo.
Razones me sobran para dejarte unas líneas y hacer señales de humo a tu corazón, mostrándole que aquí aún hay alguien que por las noches sueña con poder cuidarlo, pero te escribo por otra razón.  
Te dejaste el cepillo, sé que no tiene importancia pero está ahí, en el vaso del aseo y parece provocarme cada vez que le veo. Sé lo que estarás pensando, si es que has abierto la carta, pero es que no puedo tirarlo sin más, nunca he despreciado las cosas de ese modo. Tampoco serviría como escusa para verte, no soy ninguna alma caritativa con ganas de causar pena a quien no me ama, no es precisamente eso.  
En definitiva, he estado ahorrando un poco de valor desde hace tiempo para decirte algo en relación a ese mísero cepillo que queda en mi baño. Mientras vas dejando tus cepillos por dónde vas, hay otros que los guardan, a la espera de que algún día recuerdes todo lo que dejaste atrás que, quieras o no, forma parte de ti.


 
 

Sabiendo que me conoces como solo tú puedes presumir de conocerme, no sé cómo estás dejando que pase esto.                
Te recuerdo todos los días lo mucho que te quiero y entiendo que puedas sentir algo distinto, que el exponente que marca mi amor sea superior al tuyo, pero no cabe en mi cabeza esa dejadez en torno a mí.
   
Era bonito cuando hablábamos y en acabar de explicarte algo tú respondías “ya lo sé, te conozco”. En efecto, me conoces de maravilla. Demasiado, si quisiéramos ser personajes de cuentos de hadas, pues incluso conoces mis defectos. Los tengo y lo sabes, desde hace mucho. Y pienso catalogar como defecto el necesitar a alguien a mi lado, porque hoy en día nadie lo califica de otro modo. Conoces mi defecto, pero lo ignoras. ¿Es que los amigos no se ayudan y le ofrecen un apoyo donde cojean? Y yo pensando que éramos más que amigos…
Nada te reprocho, no he dejado de pensar en ningún momento lo libre que eres; pero sí que necesitaba escribirte esto para preguntarte el porqué de tu comportamiento. Para decirte adiós de mala gana, obligado por tu ausencia.

Es por eso que te escribo, porque ya ni siquiera me miras a la cara. Si lo hicieras verías que las sonrisas se me acabaron hace semanas y mi mano pide a gritos que la acaricies de vez en cuando.



 

    Due

    Ese que cuando siente melancolia o simple necesidad coge un bolígrafo y piensa en crear algo bello.


    Quisiera hacer un pequeño apunte sobre como quiero ordenar este apartado:

    Por el momento, escribo en dos categorias, intentando que cada una de ellas sea un estilo literario distinto y, por lo tanto, cada cual pueda elegir, clickando en cualquiera de ellas, lo que prefiera leer cuando llegue al lugar.

    · Devaneos: relatos cortos basados en puertas y salas que expresen algun sentimiento o emoción.
    · Brevedades volátiles: textos breves que muestren un instante de forma metafórica.
    · Me dijeron una vez...: pequeñas frases que guardan entre líneas alguna que otra verdad, intentando hacerlas surgir en el lector sin que sean leídas implícitamente.
    · Cartar a ninguno: relatos cortos de estilo epistolar.



    Categorias

    All
    20
    Brevedades Volatiles
    Cartas A Ninguno
    Cobain
    Devaneos
    Kurt
    Me Dijeron Una Vez
    Nevermind
    Nirvana

    Historial

    Septiembre 2011
    Septiembre 2009
    Mayo 2009
    Abril 2009
    Marzo 2009
    Febrero 2009
    Enero 2009

    RSS Feed


1